A veces me enfurezco con el mundo, porque me resulta más sencillo q. hacerlo conmigo misma.
A veces una palabra adecuada, un abrazo lleno de cariño, una mirada dulce, derrumban las barreras q. levanto para protegerme. Me convierto en algo frágil q. me acongoja.
Hablábamos ayer de la honestidad. Me erigí en una escéptica por puras ganas de polemizar...o quizá no. Conforme han ido pasando los años, principios q. yo creía inamovibles se han ido tambaleando. No es q. fueran magníficos, pero servían. Sólo tenía q. seguir la línea o líneas q. me había trazado, sin desvíos ni atajos, sin excusas, superar las dificultades y seguir caminando. No recuerdo si eso me aportaba felicidad, supongo q. no demasiada, pero los pasos eran firmes, yo era consecuente y me sentía digna.
Ahora las cosas han cambiado. Este ahora no sé cuánto tiempo abarca, ni me importa. LLevo dos noches sin dormir apenas, con malos sueños, necesito salir corriendo pero no sé en qué dirección (y, para ser sincera, tampoco sé si quiero irme). No quiero caer en el menoscabo de mí misma, no quiero perder un ápice del cariño q. me tengo, no deseo abandonarme al desconsuelo. Con la absurda intensidad q. me caracteriza, una cosa y su contraria me aterrorizan.
Saco la balanza, ajusto el fiel para q. no se incline ante nadie, coloco los platillos...y ahí me paro.
Hace 1 mes
No hay comentarios:
Publicar un comentario